Un parche con células madre podría ser un tratamiento contra la insuficiencia cardiaca.

El mismo colágeno comestible que se utiliza para envolver salchichas, salchichones y otros embutidos podría proporcionar un empujón a la terapia celular. Viscofan, la empresa española líder en la fabricación de envolturas de productos cárnicos, promueve Cardiomesh, un proyecto de ingeniería de tejidos en el que participan el centro de investigación de la Clínica Universitaria de Navarra, el Hospital Gregorio Marañón y el Centro de Cirugía de Mínima Invasión de Cáceres. La colaboración de las cuatro instituciones ha permitido el desarrollo de un fármaco «vivo», un parche impregnado en células madre obtenidas de la grasa que podría ser un tratamiento eficaz contra la insuficiencia cardiaca.

Se puede sobrevivir a un infarto, pero el accidente vascular deja una cicatriz que aún es imposible borrar. El tejido del corazón se muere y conduce a un agotamiento de la bomba cardíaca. Al corazón cada vez le cuesta más bombear la sangre y se produce una insuficiencia cardiaca, una enfermedad que mata más en el mundo que muchos cánceres.

El equipo del cardiólogo Francisco Fernández-Avilés del Hospital Gregorio Marañón de Madrid ya ha implantado esta tecnología cien por cien española en un varón con una insuficiencia cardiaca terminal. Su corazón estaba completamente agotado, sin fuerza para bombear. Superados los 70 años, había sido descartado por edad para el trasplante cardiaco. «No tenía otra opción de tratamiento. El parche le ha dado una oportunidad, aunque aún es pronto para valorar su eficacia. El paciente ha evolucionado de forma favorable. Nuestro objetivo en una primera fase de la experimentación es demostrar que el tratamiento es seguro», recuerda el cardiólogo.

El parche se implantó el pasado mes de julio en el hospital madrileño con una toracotomía, una cirugía que evita romper el esternón para acceder al motor del cuerpo humano. La membrana de colágeno se introduce por el espacio que queda entre las costillas y se fija en la superficie del corazón más dañada sin apenas sutura. A partir de ese momento, el dispositivo empieza a liberar los 50 millones de células que lleva impregnadas para que empiecen a hacer su trabajo. Tras este primer caso se quiere completar la primera fase del ensayo clínico con 10 pacientes.

Gráfico ABC

FUENTE ABC (Noviembre 2019)